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Meliadas{?}

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Meliadas{?}

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 31, 2011 8:56 pm

Bueno -w-, en este únco tema tengo la intención de publicar algunos de mis chafas cuentillos cortos ewe a los que llamo fics, dependiendo claro de su inspiración.

Mi primer cuento corto que ve la luz, un original mlsmb <3
Esta es la versión no tallereada, despué subo la corregida :DU


Titulo: Rosas amarillas para Diego
Pareja: insinuación de HeraclesxDiego (GreciaxArgentina)
Disclaimer: Grecia {APH} es propiedad de Hidekaz-sama y Argentina {OC} de Vtophya-sama, si con esta pareja lo imaginan. Por otra parte la historia es completamente mía y soy una perra para cuando de plagios se trata :3


Spoiler:
Rosas amarillas para Diego

Se proclamó inminente en el alba del mes de los ignorados finales y los falsos comienzos. Cuando el aire cantaba entre las ramas vacías. Un suspiro hinchó de frío sus pulmones y supo que no habría un momento más propicio.
Flores de aseveración para un alma observada con una lente que era el tiempo una vez y medio. Pero no era solo una sarta de pétalos lo que necesitaba, sino rosas ácidas y amarillas para Diego. Solo así podría reivindicar y celebrar junto al otro, una amistad que prometía siglos.
Buscó por el mundo entero. Pero en aquel lugar no tenían rosas amarillas, solo había rojas, como el sol al que se le pueden encajar los ojos en el rostro. Entonces la sonrisa escapó, y su expresión atónita reflejó el amargo desconcierto de un alma que temía a algo más que solo la muerte. Decidió remediar su triste situación y con dos manos de pintura las vistió de amarillo, les pidió en un susurro que fueran discretas.
Caminó por el mediodía con el sol en la cabeza, haciéndole sudar, y no supo si era por la realidad o quizá alguna clase de angustia injustificada que traía consigo el viento del sur. Un paso, dos, tres, cuatro… diecisiete, dieciocho, diecinueve y la casa de Diego en frente.
Entonces vio que en sus manos, ya no había rosas amarillas. Las flores que aun ceñía entre sus dedos eran de un color muy distinto, más como la sangre, la ira, la desesperación, el amor... autenticas y candentes cual el grito de una vida que comienza.
Pero quería llevarle a Diego rosas amarillas… no podría darle las autenticas, que solo ameritarían el rechazo horrorizado y la miserable lejanía. Porque aquellas corolas parecerían abominables a su alma, y no habría modo de explicarle que si estaban tan indefensas y su rojo era tan intenso como crudo, era por estar hechas de verdades reprimidas. Lo iba a derrumbar todo. Y el inocente que se veía tan feliz, se iría, como había que esperarlo, así que se tragó todos y cada uno de los pétalos, y su boca pudriéndose en el sabor de aquellos, se vio obligada a trazar la sonrisa más brillante y muerta en el mundo.
La paulatina lejanía del hombre que sonreía por el sol, apagaría el motor de carne por una eternidad o dos. Otro día con solamente su cuerpo al lado de Diego y su ser barrido por el viento al otro lado del universo.

Melisa Martínez Benítez
7 de enero del 2011

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Re: Meliadas{?}

Mensaje por Invitado el Lun Oct 17, 2011 5:23 pm

Dado que no hago fics de capítulos, los publicaré en un mismo tema.
Titulo: Perfecto
Pareja: HeraclesxDiego (GreciaxArgentina)
Disclaimer: España -Antonio- y Grecia -Heracles- {APH} son propiedad de Hidekaz-sama y Argentina {OC} de Vtophya-sama, si con esta pareja lo imaginan. Por otra parte la historia es completamente mía y soy una perra para cuando de plagios se trata :3


Spoiler:
Se trataba de una de esas breves y obligadas visitas a las cuales era arrastrado por su jefe. Era septiembre en España y las hojas crujían en el suelo bajo los pasos de los transeúntes, quebradas bajo sus botas marrones y perdidas entre el sonido de una voz que hablaba con ritmo y no se detenía. Había estado charlando con Antonio, o más bien, el español había estado hablando mientras caminaban sin rumbo aparente. Madrid en otoño era agradable. Parecían un buen par, el español parloteando alegremente sin parar y el griego silencioso escuchando. Las palabras de Antonio brotaban a raudales, y Heracles apenas podía llevarle el ritmo, pero bastó una pregunta en apariencia simple para que se creara el silencio momentáneo, pero más que la pregunta, era el nombre que había brillado en ella.
-Venga tío ¿Qué piensas de mi Diego? –cuestionó el español con su clásica despreocupación alegre y un cierto orgullo por el país que consideraba su hijo. Interesante pregunta.
El griego lo miró y lo pensó durante algunos segundos, simplemente se encogió de hombros como si no le importara, dejando a un desconcertado y algo molesto español. Era de suponerse que al español no le haría gracia saber que aquella era la opinión que tenía la pareja de su hijo del mismo, así que el resto del camino se llenó de sutiles y también poco sutiles reclamos, reproches y acusaciones de Antonio. Fue entonces que la atención de Heracles dejó de pertenecerle a su acompañante, se perdió en sus propias reflexiones, todas inyectadas con ecos de una voz que no era la suya, una con acento rítmico y jerga lunfarda.
Era un medio y un fin ¿Qué se suponía que tenía que contestar? todo era tan evidente ¿Qué tenía pensar de Diego? No tenía ni la menor idea de lo que el español quería oírle decir, pero dentro de sí, como una verdad arraigada a su ser, sabía que bastaba una sola palabra para describir al gaucho, no la diría, no frente a Diego, no delante de Antonio, no mientras pudiera escucharlo alguien más. Estaba seguro de que el deseo del ibérico era regodearse como buena madre, de su hijo, porque sabía lo que era.
Su amigo español a veces pedía necedades, no se puede ver la perfección de las ideas, no existen tantos iluminados, la filosofía lo sabe. No podía explicarle con solo sus palabras todo lo que sentía, todo lo que despertaba en su interior con solo pronunciar el nombre de aquel a quien amaba, podría intentar describirlo, pero nunca sería suficiente, porque lo sabía todo de Diego, o quizá no sabía nada. Podía estar idealizado o ser tan verdadero que resultaba más que hermoso. Y pensó en él, Diego tenía el cabello castaño y enredar los dedos en él mientras eran uno resultaba aun más erótico. El color de sus ojos relucía como miel y relámpagos cuando el sol les golpeaba en el ocaso. Su piel se sonrosaba en la playa y tenía los labios húmedos todo el tiempo. Misteriosamente brillaba cuando sonríe y pareciera que cantaba en vez de hablar.
De nuevo todo era evidente. No tenía que decirle que estaba perdidamente enamorado. Antonio tampoco tenía que saber todas las sensaciones que causaba el sudamericano en su cuerpo, excitación, piel erizada y boca seca. No importaba cuanto tiempo llevara conociéndolo, Diego era algo digno de descubrir cada día, conquistarle todo el día; y él en su habitual silencio, simplemente lo seguía. ¿Tenía que decirle que lo amaba? no era necesario decirle que sin él ya no había universo.
Sabía la respuesta y estaba seguro de que Antonio también, quizá era solo que quería oírla, pero Heracles no lo diría. Lo sabía, con eso debería de bastar siempre.
Volvieron a la casa del español. Antonio entró de inmediato y Heracles no se molestó en alcanzar al airado español que todavía despotricaba a murmullos en su contra. El griego sonrió apenas un poco y entreabrió los labios para decir:
-Perfecto. Diego es perfecto-

Tsk, no me quedó bien
pero pienso corregirlo y subirlo de nuevo
-w-

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