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Idiot brata (Ruslan/ Sarvar gakuen)

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Idiot brata (Ruslan/ Sarvar gakuen)

Mensaje por Invitado el Jue Sep 29, 2011 10:20 pm

Esto lo empecé a escribir más o menos cuando me quedé sin internet asdad, y apenas lo acabé D: ...es el como YO me imagino la weá de Sarvar y Ruslanka -3-, inspirándome en unas diminutas cosillas por el cb :I, de cualquier forma, Debo no tiene que ver, así que gommen si no te gustan esas cosillas o si no manejé muy bien a Sarvar, Debo-chan D: (?)

Los personajes no me pertenecen, Ruslan y Ziba son de Toxic ToOtHpAsTe y Sarvar es de Kimiko Toudaji (aunque los patronímicos de los personajes se los inventé yo). Los ocupo en modo gakuen na’mas por el rol y también para torturarlos =w= (?).

Y cambiando un poquitín las cosas, esta vez decidí hacer primero las explicaciones y luego ya lo demás =3=
Spoiler:
-Manat: moneda de Turkmenistán
-Vladivostok: ciudad rusa que está al extremo oriente, cerca de China
-Rublo: moneda de Rusia
-Ya expliqué varias veces la weá de los patronímicos, pero solo por si alguien aun no lo entiende, los nombres rusos (y en parte de lo que es Asia central –Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán y Tayikistán- por la influencia rusa), están conformados por nombre, patronímico y apellido. El patronímico está conformado por el nombre del padre más la terminación –ovich/-evich (si es hijo) u –ovna/-evna (si es hija). Por ejemplo, Ruslan Rahýmovich Minihanov, Rahym (nombre del padre) + -ovich (hijo de) = Rahýmovich (hijo de Rahym). Si de casualidad fuera hija sería Ruslana (si, ese es su femenino, según descubrí (?) ._.) Rahýmovna Minihanova. Hablando de los patronímicos, dado a que Sarvar no tiene patronímico aquí, se lo inventé :I
-Según llegué a leer en una noticia, hay escuelas en Uzbekistán en las que enseñan turcomano (pondría la página, pero ya no me dejó entrar Uu)
*Diccionario ruso- español fail (?)
-Glupty: tonto
-Durak: pendejo (esto me lo dijo el ruso -3-)
-Brat: hermano. Debo mencionar que en el título se le agrega una “a” de más, dado a que se declina. Algo de la lengua rusa (y de otras que siguen los pasos del idioma de mami Hera, pero bueno, ya no quiero aburrir más con mis explicaciones :IU)

Ruslan: verde
Sarvar: cyan
Ziba: blanco
Ambos –Ruslan & Sarvar-: rojo

Bueno, luego de todo lo del spoiler…espero les guste, y si no, no acepto devoluciones D: (?????)
-.-.-.-.-.-.-
¿Cómo fue que nos conocimos? …Je… suena estúpido que sea yo mismo quien se haga esta pregunta, tomando en cuenta que, para desgracia o fortuna mía, nací con una prodigiosa memoria, son pocas las veces en que se me logra olvidar algo. Muchos lo considerarían una bendición, como por ejemplo para cuando tienen que aprenderse cosas para la escuela o cuando no tienen idea de donde dejaron algún objeto, admito que a mi si me es útil eso, pero… por otro lado…hay cosas que me gustaría poder olvidar…y por más que lo intento, me es imposible…

Fue hace siete años…

Yo había venido de Uzbekistán, gracias a mis buenas calificaciones y a que mi familia contaba con el dinero necesario para el viaje, a los 16 años salí de Taskent con destino a Rusia, para ahí poder continuar mis estudios y, esperando que en un futuro no muy lejano, pudiera graduarme con honores en ciencias biológicas. Llegué a Moscú y me instalé fácilmente en una pequeña, pero acogedora casa…

En cambio yo vengo de Turkmenistán, contrario a ti, mi familia tuvo bastantes problemas, apenas y podían pagar mis gastos escolares, era ahí a donde se iba todo el dinero, y por eso, incluso había días en que no podía llevarme nada a la boca, lo que me obligó a tener que hurtar cosas y demás. En determinado momento, específicamente, poco después de que hubiera cumplido los 10 años, mis padres, con varios manats que lograron juntar por varios años, se podría decir que casi desde que yo nací, decidieron enviarme a Rusia para que tuviera una vida un poco mejor que allá. Yo obviamente me negué rotundamente al inicio. No quería dejar a mi familia, mi ciudad…mi país; cierto, no vivía precisamente bien… pero aun así sentía un gran apego por aquel lugar…no quería estar solo…. De alguna forma mi madre logró convencerme para que fuera, que no había porque tener miedo, que allá haría muchos amigos, que aunque fuera algo frio no era tan malo, etc… con tal de que accediera. El día de partir llegó, me despedí de mis padres y algunos otros familiares de ahí. Unas cuantas horas después…y ya había llegado a Rusia…

Al mes ya estaba casi adaptado a la forma de vida ahí, quizá era un poco frio, pero no me quejaba tanto… Fue por aquel entonces en que vi algo que me llamó la atención: un pequeño niño moreno y de ojos azules que pasaba por las casas, pensé que quizá solo estaría solo por esa vez y que no lo volvería a ver, más sin embargo, pasaron las semanas y el pequeño niño seguía haciendo lo mismo. La curiosidad me mataba, así que me acerqué a un grupo de adultos mayores con los que frecuentaba un poco el pequeño. Fue por ellos por lo que me enteré un poco sobre ti.

Inicialmente lo planeado por mis padres era que, llegando a Moscú, fuera a buscar a un tío abuelo de mi madre que vivía en aquella ciudad, pero para nuestra desgracia nuestros planes se vieron frustrados. Mi tío hacia unos cuantos meses que se había trasladado desde Moscú hasta Vladivostok, prácticamente hasta el otro lado del país, y sinceramente, Rusia no es precisamente un país diminuto como podrían serlo Tayikistán, Azerbaiyán, o cualquier otro. Desafortunadamente mis padres no habían logrado contactar antes con él, teniendo la convicción de que seguiría ahí y podría quedarme con él; por si fuera poco, no podrían costearme un boleto más para ir hasta Vladivostok, y que decir sobre ir a pié, estaría completamente loco. Por lo que se me ocurrió que quizá podría de alguna forma hacer pequeños trabajos para la gente de ahí, cargar cosas, ir por el mandado, dar recados, lo que fuera, y que me pagaran con dinero o ya mínimo un pan o frutas.

Sin siquiera acercarme a ti por aquellas semanas me la pasé investigando sobre ti; descubrí mucho acerca de tu pasado. Tu nombre, Ruslan Rahýmovich Minihanov, hijo de Rahym Batyrovich Minihanov y Taji Atayevna Minihanova; tan solo tenías 10 años y tus padres, por un pequeño error, te terminaron enviando solo a este vasto país, ellos no tenían dinero suficiente para que regresaras o para que te fueras al otro lado del país, y tú tampoco, por eso empezaste a mendigar.

Realmente haciendo aquello no ganaba mucho… algunas personas desconfiaban de mí, me gritaban cosas que no lograba comprender en aquel entonces, sentían algo así como miedo, asco, que se yo; otras en cambio eran más amables y me daban unos cuantos rublos o pan, también estaban aquellos que por caridad, por la lástima que les daba me los regalaban así sin más. Sí, tenía aunque fuera un poquito que comer, pero no tenía en donde vivir, por lo que no tenía más que quedarme en las calles a dormir, tan solo con mi pequeño abrigo, mi gorrito blanco, mis guantes, y usando también un poco de mi ropa extra como cobijas.

Para tu mala suerte, llegaste en época de invierno. El que estuvieras sobreviviendo en las calles tú solo de aquella forma, a menos de 0° C y con la nieve cayendo era sorprendente, debo reconocerlo. No estoy muy seguro de qué fue, pero un día estuve decidido a llevarte a mi casa…

Una noche más por la fría y blanca Moscú, estaba en un callejón no muy bien iluminado, temblaba de frio, esta vez estaba más helado. Recordé por un instante mi vida en Asjabad, quizá no era muy buena…pero al menos ahí…ahí estaba más cálido…ahí entendía perfectamente a todos… ahí no estaba solo… me había puesto a llorar sin poder evitarlo…

Fue aquella noche en que por primera vez me acerqué a ti… estabas ahí en aquel callejón, abrazando tus piernas, hundiendo tu cara en estas y llorando… de alguna forma sentí algo de tristeza por ti… eras demasiado pequeño…y sin embargo estabas pasando por mucho… -Oe… ¿estás bien?...- aquella frase te la dije en tu idioma natal, cuando estuve en mi país aprendí un poco de turcomano en una de mis escuelas.

Levanté mi vista, sorprendido de que hubiera alguien que hablara en mi idioma. Poco después de eso volví a mi posición original… -n-no…no estoy bien…- continuaba sollozando -… quiero ir a mi casa… no quiero estar aquí… hace mucho frio… los días son raros… no hablo bien ruso… no me gusta este país… quiero regresar con mamá y papá… quiero ir a mi casa…

Suspiré… pude haberte abrazado o algo por el estilo, con tal de que dejaras de sentirte así de triste… sin embargo, no lo hice. Simplemente fui acercando mi mano lentamente a tu equipaje y lo cargué.

Cuando vi que tomabas mis cosas con toda tranquilidad pensé que eras alguna especie de vándalo o simplemente alguien que disfrutaba viendo el sufrimiento de otros (claro, esto lo comprobé mucho más tarde) –¡O-oe! ¡Deja en paz mi equipaje, es mío!- aun con lágrimas en mis pequeños ojos, me puse de pié y estaba por forcejear contigo para que me lo devolvieras.

-Tranquilo…no te lo pienso quitar, si es eso lo que piensas…- hice una pausa antes de continuar, además de tomarte de una de tus manos –a partir de ahora te vienes a mi casa…ya no tendrás que andar viviendo aquí en la calle…y antes que nada, no soy ningún violador, traficante de personas, secuestrador, o cualquier otra cosa que pudiera ocurrírsele a tu pequeña cabecita; soy tan solo un joven estudiante…y al igual que tú, me enviaron acá para tener una vida mejor….y por cierto… mi nombre es Sarvar Ramílovich Karimov, si te interesa…

Estaba bastante sorprendido de lo que habías dicho no solo por el hecho de que de pronto te me acercaras y sin más decidieras que viviría a tu lado, sino también por el hecho de que sabías un poco de mí, o al menos eso pensé con tu último comentario, admito también que me reí levemente al oír lo del violador y demás. Ni siquiera había dicho si sí quería o no, cuando me dirigiste a tu hogar; era un pequeño y de verdad quería donde pasar las noches, por lo que no tuve ninguna objeción. Aunque tenía mi mano cubierta por uno de mis guantes, en aquel momento…tu mano me había parecido demasiado cálida… me sentía bastante feliz…

A partir de aquel momento vivimos juntos. Mi casa tenía otra habitación que por el momento aún no utilizaba tanto, tenía planeado hacerlo un estudio o algo así, pero ya no importaba. Recogiéndola un poco y comprando algunas otras cosas la pude convertir en un cuarto para ti.

Al principio me pareciste alguien bastante amable…y a decir verdad lo eras. Además de darme una habitación donde dormir también me compartías de lo que comías, e incluso me llegaste a ayudar con eso de mis papeles para que pudiera estudiar, y qué decir de mis materiales escolares. Debo decir que desde aquel momento en que me recogiste, combinado con aquel trato tan bueno que me diste, empecé a sentir algo especial por ti, empecé a quererte. Pasó el tiempo y en determinado momento, tanto tú como yo, nos comenzamos a considerar como hermanos, aun si no éramos del mismo país, aún si no nos conocíamos del todo bien, aún si no teníamos lazo de sangre alguno, yo igual te quería como a mi hermano mayor. Quizá no tiene mucha importancia, pero ahora que lo pienso bien, creo que en aquel momento sentía algo más que solo un amor fraternal hacia ti, claro, era un niño, y además educado de cierta forma, no se me pasó por la cabeza que fuera amor…

… pero aquí la pregunta es… ¿Cómo de ser unos “hermanos” relativamente buenos nos empezamos a odiar mutuamente? … honestamente, es una pregunta bastante difícil de responder, a veces ni yo mismo sé cómo explicarlo… Llegó un determinado momento en que ciertos pensamientos llegaron a mi mente, y estos tenían que ver con hacerte madurar, por así decirlo. Te estabas acostumbrando demasiado a mí, dependías de mí en todo momento, te estabas volviendo algo molesto. Al igual que como llega a pasar en una pareja, en la que uno de los miembros se empieza a cansar del otro y quiere terminar, pero la otra persona no quiere, ruega y ruega porque cambiará y que hará lo que fuera para seguir juntos, el que quiere terminar no encuentra de otra más que empezar a ser cruel para que ésta se vaya… eso fue lo que a mí se me ocurrió para alejarte de mí y que fueras más independiente y maduro.

Casi fue como de un día para otro. Al principio fue para mí un lunes normal, yo venía llegando de la escuela, esta vez no me habías ido a recoger como antes, pensé que quizá tenías muchas cosas que hacer, así que cuando pasó una hora y no te veía, decidí regresarme solo, de todas formas no estaba tan lejos. Ya ahí te encontré en tu habitación, estabas en tu laptop trabajando, me acerqué a ti alegremente y empecé a contarte mi día, el cómo me fue en las clases, sobre la chica con la que me juntaba en las últimas semanas y sobre unos trabajos que debía hacer, pidiéndote ayuda para ello. En toda la plática en ningún momento me volteaste a ver…

-Oe, brat, ¿me estás escuchando? Necesito que me ayudes a esto, no entiendo el…


-Ruslashichka, estoy ocupado, ¿no lo ves?- respondí fríamente, sin despegar mi mirada de la pantalla.

Me quedé unos instantes callado –e…está bien…lamento haberte interrumpido, brat…- tomé mis cosas y me salí de la habitación algo triste, pensando en si había hecho algo malo o si no habías tenido un buen día. Por otro lado pensé que ello sería pasajero y que quizá en unas horas o al día siguiente ya estarías de buen humor… fui un ingenuo al pensar eso…

Cada día que pasaba me portaba igual, admito que al principio me dabas algo de lástima, sentía que quizá estaba siendo muy duro contigo, pero, aunque suene algo cruel, me terminé acostumbrando a ello. Me burlaba de ti casi en cualquier momento, especialmente cuando tu amiga estaba cerca, no te ayudaba en nada de tu escuela, te llamaba “idiot”, “glupty”, “durak” o cualquier palabra similar; en las comidas ni siquiera te hacía caso…y hasta determinada fecha, dejé de hacerte la comida…era cruel contigo…y aprendí a disfrutarlo…

Por más que te preguntaba que te pasaba, por qué habías cambiado así de pronto, no me respondías; por más que te decía que dejaras de decir cosas vergonzosas frente a Ziba, tú lo hacías más; por más que te pedía ayuda, por más que me veías triste, o en su defecto, llorando, ya fuera por tu culpa o la de alguien más, ya no te acercabas a tranquilizarme, a hacerme sentir mejor … por largo tiempo pensé que había sido porque había hecho algo bastante malo y por ende me ignorabas y me hacías todas esas cosas… por ese largo tiempo, aún a pesar de todo te seguía queriendo mucho…

Pasaron los años, yo me pasaba haciéndote lo mismo, tardó un tiempo, pero había logrado mi objetivo, aquel niño al que había encontrado, aquel niño dulce, alegre, pero también muy tímido, inseguro y que constantemente necesitaba de mi había desaparecido. Cada quien estaba por su lado, ya no nos saludábamos, no comíamos juntos, tan solo hablábamos cuando era necesario o simplemente cuando quería molestarte. Casi nos habíamos convertido en dos extraños.

Eso fue dos años y medio después de que me encontraste, cuando finalmente dejé de quererte… me había convencido a mí mismo de que tú ya no me querías y que no iba a estar soportando aquello, decidí que ya no me deprimiría o lloraría por tu culpa. Como bien dices, aquel niño ingenuo había muerto. Si tenía algo que contar me lo reservaba para mí, ya no sentía necesidad de acudir a ti, me volví independiente, ya no necesitaba tu ayuda para nada, si quería algo lo conseguía yo mismo. Ya no necesitaba de tu estúpida lástima, aquella que me tuviste antes de que viviéramos juntos, ni la tuya ni la de nadie más.

Nuestra relación fue yendo de mal en peor, las discusiones eran constantes y además por cualquier tontería…y cuando no era precisamente una tontería era más que solo peor… especialmente cuando comenzaste a desarrollar aquella cleptomanía tuya. Siendo yo tu tutor, me empezaron a contar ciertos rumores sobre que hurtabas algunas cosillas, y aunque no fueran tan valiosas igual te hacían un ladrón. Todos los días siempre te regañaba por aquello, te preguntaba que si acaso eras estúpido o que si tan solo lo hacías para llamar mi atención o que si era cleptomanía, dejaras de ser un idiota y lo controlaras.

Me fue muchísimo más mal cuando me viste con tus propios ojos, un día en que salimos y al entrar a una tienda, tomé un pequeño llavero. Tanto tú como la empleada de la tienda me dieron tremendo sermón, claro, en casa contigo fue 10 veces más la regañada. Por aquellas fechas fue cuando ya era considerado el ladroncillo de aquella zona moscovita. Fue un año de peleas constantes debido a eso. Hasta que, poco después de haber cumplido los 15 años cayó la gota que derramó el vaso. No quiero entrar en tantos detalles sobre como inició aquella apocalíptica pelea, solo mencionaré que ya estaba completamente harto de ser tratado de aquella forma, de que me llamaras con casi cualquier insulto posible, que siempre me humillaras, me hicieras sentir peor que una mierda… te había dicho todo ello.

Estuvimos gritándonos en todo ese momento. Aquellos resentimientos que teníamos uno del otro salieron a flote esa noche. Recuerdo que incluso, con tal de que dejaras de estar gritándome todo lo que sentías te di una bofetada…

Me llevé la mano a la mejilla… inmediatamente, me di la vuelta, me dirigí a mi cuarto, saqué de mi armario la maleta con la que había llegado acá y guardé todas mis cosas, o al menos todas las que cabían y que eran enteramente necesarias.

-¡Hey, idiota Ruslashichka, ¿huyendo como siempre?!- recuerdo que eso te grité en cuanto te vi yéndote a la habitación. Al principio pensé que estarías evadiendo la discusión, como siempre que pasaban, pues te desagradaban, las considerabas inútiles. Entrando a tu cuarto vi lo que andabas haciendo. Te tomé fuertemente del brazo y de nuevo comencé a gritarte -¡¿Qué crees que haces?!

-¡Me largo de aquí, eso es lo que haré, durak!

Hubo un instante de silencio de mi parte, no podía creer lo que acababas de mencionar - … ¡¿Qué tú que?!

-¡Y ahora mira quien es el idiota que no oye! ¡Que me voy! ¡Ya te lo dije, ya estoy harto de ti! ¡Prefiero mil veces estar en la calle padeciendo hambre y frio a que estar un día más contigo bajo el mismo techo!- aparté tu brazo y ya habiendo guardado todo lo necesario salí de la habitación y de la casa. Estaba nevando algo fuerte, pero me dio igual.

Intenté detenerte, hacerte recapacitar sobre ello –¡por favor, Ruslashichka!- te decía mientras te seguía –t…tienes tan solo 15 años ¿Qué demonios vas a hacer? ¿Volver a mendigar como antes? ¿Dónde vas a vivir? ¡No podrás hacer nada tú solo!

-Yo… ¿solo? … - solté una pequeña risa –en todo este tiempo yo he estado solo… no soy tan idiota como crees… ¡y ya deja de seguirme, ya te dije que no necesito de tu piedad y que dejes de llamarme Ruslashichka, ya no soy ningún estúpido niño! Lo que yo haga a partir de ahora no te importa…- te empujé bruscamente a la nieve, mientras estabas en el suelo tratando de levantarte, tomé un taxi rápido y me fui.

En cuanto me levanté fui siguiendo tan rápido como pude aquel taxi, noté que mirabas por la ventana de este por un instante, luego te volteaste, no supe si fue imaginación mía o estabas llorando. Por más que corrí no logré alcanzarte… Y ahí estaba… en medio de una avenida, con la nieve cayendo sobre mi cuerpo, completamente solo… aquella noche me recordó bastante a aquella vez en que nos hablamos por primera vez. Justo como nos habíamos conocido fue como había terminado esto. Me fui lentamente a mi casa, por un lado quería llorar, estaba arrepentido de esto, pero por otro me decía que eras tan solo un idiota, que no sobrevivirías solo y que en unos días volverías…claro, aquello nunca pasó. Aun cuando quise restarle importancia, todos los días que le siguieron a esa vez me preocupaba por ti, quería saber cómo estabas, que andabas haciendo… incluso te llegué a buscar por toda Moscú, más nunca te encontré.

Después de aquella pelea y de que me subiera al taxi, me dirigí al apartamento de Ziba. Bajé del taxi y toqué a su puerta. Tardó un rato, pero finalmente abrió, por lo que veía apenas y se iba a dormir…

-¿Ruslan?- bostezó-¿no crees que es muy tarde para una visita?...- dirigió su mirada a mi maleta en el piso -¿alguna razón por la que traigas esa maleta, Ruslanka?- Le platiqué a lujo de detalle todo lo que había acontecido. Preocupada, me dejó entrar inmediatamente a su casa. Ella vivía sola, pues era algo así como una estudiante de intercambio, y, en sus propias palabras, “eres el único de toda Rusia en quien verdad confío” , por lo que no tuvo reparos en permitirme vivir con ella un rato. En ese tiempo tuve que suspender mis estudios un tiempo, por ti precisamente, pero aproveché el tiempo trabando un poco. Tuve la suerte de que Ziba viviera casi al extremo de la ciudad, por lo que nunca me encontraste. Solo hubo una vez en que casi lo haces…

Imaginé que quizá te habías ido a refugiar con tu amiga, la iraní de la que tanto me hablaste en un principio y la que estaba casi siempre pegada a él. Llegando estuve preguntando por ti, que si no sabía algo al respecto, más solo me dijo que ni siquiera sabía que te habías fugado, que estaba preocupada y que si te veía me avisaría. Supuse que te estarían escondiendo, por lo que iba constantemente a preguntarle lo mismo, pero siempre respondía lo mismo. Me terminé hartando y dejé de preguntar por ti… al menos en aquel lugar, pues seguí buscándote, cada vez menos, pero aun lo hacía…

Poco tiempo después Ziba se regresaría con su familia para Irán, y en vez de vender su apartamento, dejó que me quedara en este. Yo obvio me negué, pero ella se la pasó casi todo el día insistiendo; terminé aceptando a regañadientes, aun así les pagué con un poco de dinero que tenía ahorrado, precisamente el que estaba juntando para comprarme una casa o un apartamento. Antes de que se fuera, le prometí que de alguna forma les terminaría pagando. Ya tenía un hogar propio, pero lo que terminó jodiéndome a partir de entonces fue conseguir un trabajo para mantener aquella casa, pagar a tiempo la renta, comprarme algunas cosas importantes como pequeños electrodomésticos y demás cosas de primera utilizad (no me iba a dejar todas sus cosas) y además pagar mis estudios de la escuela, y por si fuera poco, debía mantenerme escondido de ti. Todo ello fue bastante cansino y torturante.

Hubo un momento en que me terminé cansando de buscarte, por lo que decidí seguir con mi vida, me dije que si tú ya no querías volver estaba bien, si te pasaba algo no me importaría, que sería muy tu culpa. Pasaron dos años. Terminé graduándome y hasta logré tener licencia para enseñar. Al poco tiempo recibí una invitación para ser parte de una escuela internacional que apenas estaba abriendo. Me pareció bastante tentadora la oferta, por lo que terminé aceptando el trabajo. No tenía experiencia alguna, pero tenía fe en que todo iría bien.

A lo largo de aquellos dos años en que no supimos uno del otro, me maté trabajando y estudiando. Un día, dado a mi alto promedio (que mantenía obvio para mi beca de la escuela), me terminaron dando una beca para una escuela internacional. Sin dudarlo ni un solo momento acepté irme para allá. Tardó un poco el maldito papeleo, pero a final de cuentas llegué allá.

Nunca imaginé que sería ahí donde me volvería a encontrar contigo. Fueron dos años enteros sin verte….y al final nos volvimos a ver. Casi pareció como si nunca nos hubiéramos separado, ambos actuábamos igual.

Aún si ya habías crecido un poco, seguías siendo el mismo hermano menor idiota, que siempre se enoja por cualquier pequeñez y al que me fascinaba molestar…

Y tú seguías siendo el mismo hermano mayor idiota que siempre se la pasa jodiéndome y queriéndome hacer la vida imposible…

Muy a pesar de todas las circunstancias, de todas las cosas malas que han pasado y que posiblemente pasarán, a pesar de que tengamos este odio y este resentimiento mutuo, de todas formas en el fondo de nosotros, muy muy en el fondo, te tengo aprecio… a pesar de todas las cosas tu seguías y seguirás siendo mi idiot brata…

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